DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 11 de agosto 2026
Como todos los días, mi despertar fue antes que el del sol. Una vez abiertos mis ojos, y comenzando a moverse las neuronas en mi cerebro, me dedico a pensar en los acontecimientos de ayer.
Ayer la tierra habló en Colombia, y esa noticia me hizo evocar lo que nosotros mismos hemos vivido hace algo más de un mes y medio. Ese estremecimiento de la tierra me recordó que todo lo que amamos, y todo lo que nos preocupa, pende de un hilo tan fino como la luz del amanecer.
Y es que también la vida tiembla, incluso cuando creo que está quieta. La vida es un instante que se abre y se cierra como un parpadeo. Y apenas un temblor basta para recordarme que nada es seguro, que no vale la pena guardar rencores, ni levantar muros en el corazón.
A veces pierdo tiempo de mi vida pensando en lo que otros me hicieron, o en lo que pude hacer y no hice y de lo que me arrepiento. Y me olvido de que solo soy la pasajera de un mundo frágil, que no sé cuándo me va a llegar la parada de mi tren de la vida.
Entonces, cuando suceden estos eventos tan recientes, hoy aquí, mañana allá, pasado no sé en qué lugar será, debo asumir en mi vida que la paz es el único equipaje que no pesa, que es el único que puedo permitirme llevar conmigo.
Y por eso perdonar es un acto de libertad, un modo de honrar la brevedad del tiempo, es parte del equipaje permitido. Y que mi fe debe mantenerse en confiar en la bondad de Dios, pues es el único que cada día me sostiene con manos invisibles.
Por eso, al escuchar las noticias recientes, hoy agradezco lo que tengo, lo que recibo, lo que permanece conmigo. Porque la vida es corta, pero suficiente para vivirla en luz.
Feliz día para todos.

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