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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 4 de agosto 2026
Anoche dormí profundamente cansada, pero también confiada en que sería una noche tranquila, sin sustos ni sobresaltos. No todas las noches son iguales. Porque a veces aún revolotean en mi mente pensamientos que me perturban. Pero anoche, después de hacer mis oraciones, me sentí plenamente confiada, en esa confianza que solo mi Dios me puede dar.
Así que hoy decidí reflexionar sobre esa palabra mágica que es “la confianza”. Entonces, se me ocurre que la confianza podría ser como las olas que se atreven a tocar la orilla sin dudar, con confianza, sin saber si serán recibidas. Se parece a dejarme llevar por la corriente sabiendo que hay fondo, aunque mis pies no lo toquen, pero también con la confianza de que podré flotar.
Tener confianza es más bien como un salto al vacío, y en ese salto, saber que hay alguien que me recibirá con las manos abiertas para sostenerme. Cuando confío plenamente en alguien estoy haciendo un pacto silencioso entre almas, estoy afianzando una raíz que se hunde en la tierra del tiempo, y que me recuerda que vivir es entregarse, sin garantías, pero con la esperanza intacta.
Si confío es porque mi alma lo necesita. Porque sé que no puedo caminar sola en este laberinto de días y silencios. La confianza no es ingenuidad, es un acto de entrega consciente. Puedo abrir mis manos y dejar que el otro vea mis fragilidades, pero con la certeza de que puede entenderme.
Y aunque a veces tiemble, prefiero arriesgarme a la herida antes que vivir encerrada en la duda. Porque confiar es decirle al mundo: “me atrevo a confiar en ti”.
Feliz día para todos.
 
 Puede ser una imagen de nube, crepúsculo, eclipse y horizonte

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