DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 27 de julio 2026
Y si, ayer fue el día de los abuelos, y a mi se me pasó por alto escribirles algo. Y pensé, en realidad no se van a dar cuenta, porque este día todos escribirán sobre lo mismo, y en verdad yo pensaba pasarlo por alto.
Pero en la tarde, mis nietos, los que tengo en Venezuela, pues en Australia donde están los otros, esa fecha no existe, los que tengo aquí me enviaron un mensaje bien lindo y cariñoso, y eso me emocionó, pues no pensé que se tomara en cuenta ese día, que a decir verdad, generalmente pasa desapercibido.
La cuestión es que me puse a pensar en mi rol de abuelita. Y me di cuenta que los abuelos somos como una raíz silenciosa que sostiene el árbol de la vida familiar. No pedimos, pero acompañamos. En nosotros puede guardarse la historia familiar entera, y en nuestras manos, está la paciencia que el mundo olvida a veces.
Siendo abuelos aprendimos que el amor no necesita prisa, que la memoria es un regalo y que el futuro también se cuida desde nuestra visión. Mi importancia, porque soy abuelita, no está en lo que puedo enseñar, sino en cómo enseño a mis nietos recordar quién es nuestra familia.
Los abuelitos somos tiempo convertido en ternura. Aprendemos a levantar al nieto que se ha caído, a secarle las lágrimas con un “sana, sana, colita de rana”. Y a reírnos juntos después.
Los abuelitos sabemos hablar con el pasado como si fuera un viejo amigo, y de esta manera entregar fragmentos de sabiduría envueltos en historias, silencios y sonrisas. La importancia de ser abuelitos no se mide en años, sino en la forma en que transforman a la familia, al hacerlos más humanos, más lentos, más verdaderos.
Feliz día para todos. 

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