DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 18 de agosto 2026
Esta mañana, tuve una pequeña idea que quise compartir con mi amiga la hormiguita. Le pedí que me explicara lo que ella siente frente a la soledad y también cuando se enfrenta a su vida diaria.
Fue muy sincera, como siempre lo ha sido, y me contó que cuando camina sola por el jardín sobre una hoja seca, se detiene a escuchar el crujido de un universo que se quiebra bajo sus seis patitas y percibe a los gigantes que caminan arriba.
Ellos no saben que para las hormigas la tierra no es plana ni redonda, sino que abajo, donde ellas caminan, entre la tierra y la hierba hay un relieve de aromas que no se apagan. Es allí donde hay un mundo distinto y que está habitado por ellas las hormigas.
Y que hay un abismo entre esos gigantes y ellos, los seres pequeños que también tienen vida y hacen su trabajo diario.
Así que hoy mi hormiguita decidió detenerse un instante fuera de la fila de hormigas y descubríó el verdadero abismo. Su caminar se convirtió en soledad. Y esa soledad no fue la ausencia de las demás hormigas; sino el silencio repentino de la corriente que la llevaba.
Entonces, dejé de pensar en lo que le pasaba a mi hormiguita y pensé para mis adentros, ya siendo mi propia persona, ¿si me detengo a pensar, la marcha se interrumpe? ¿Soy la piedra que transporto o el camino que me consume? Al salir de su historia comprendí lo que mi hormiga quiso decirme con su reflexión: que el abismo no está afuera, sino que está dentro de mí, cuando me descubro como persona, y me reconozco como un ser pensante, con mucho que hacer por delante, sin necesidad de mirar hacia arriba, creyendo que hay seres que son más grandes que yo. Puedo saltar muros y cruzar abismos, porque en mi existe la voluntad y el deseo de seguir siendo una persona de éxito. Gracias amiga hormiguita, por sincerarte conmigo. Feliz día para todos.

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