DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 23 de junio 2026
A veces uno no sabe el porqué de las cosas, y tampoco se las explica. Cohetes a las 4 de la madrugada, cuando lo que queremos es descansar y dormir. Me levanto sin ganas, pero no me queda otra opción, pues el insomnio se ha adueñado de mí desde las 3, y los cohetes solamente avivaron la vigilia.
Me puse a pensar que no le dediqué la hormiga a los padres en general, solamente a mi papá en ese día, así pues, para no pecar de egoísta, esta hormiga va para todos los padres.
Creo que ser padre es un oficio del alma, una mezcla de vigilia, paciencia y amor que se lleva en el corazón, sin presumir, sin colgarse una medalla al mérito en el pecho.
Ser padre es comprender que la vida no se trata solo de uno mismo. Es descubrir que el amor se expande, que el tiempo se vuelve ofrenda, que el corazón aprende a latir en plural. Que alcanza para todos sus hijos por igual.
El padre es raíz y es viento, raíz que sostiene, viento que impulsa. Es refugio en la tormenta y empuje en la calma. Es quien, aun cuando ya no está, sigue guiando con la huella invisible de sus gestos, sus valores y su ejemplo. O sea, su herencia.
Es aceptar que cada hijo es un espejo que devuelve preguntas, desafíos y también la más luminosa versión de él mismo. El padre verdadero no se mide por la perfección, sino por la constancia. Es quien se queda cuando el cansancio pesa, quien escucha aun cuando el silencio duele, quien enseña sin humillar y corrige sin quebrar.
En la mirada de un padre se esconde la historia de sus propios miedos, pero también la decisión firme de que sus hijos no hereden esas sombras.
Porque ser padre es un acto de valentía cotidiana,
un compromiso silencioso, una entrega que no busca aplausos, pero que deja huellas eternas en el alma de quienes lo llaman “papá”.
Feliz día para todos.

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