DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 8 de agosto 2026
Parece que mi reloj biológico tiene puesta una alarma a las 4.30 a.m. Afortunadamente es una alarma silenciosa, porque si me sonara a esa hora un timbre o una campanita, ardería Troya en mi habitación.
Así que desde esa hora, hasta que decido despegarme de las cobijas, tengo mucho tiempo para pensar. Aunque a veces me levanto y pienso mucho, pero en mi terraza, viendo el amanecer.
Y entre tantos pensamientos, a veces se me hace difícil pensar en mi misma. Quiero decir, en cómo me veo yo ante el mundo. Y es que un pensamiento sobre mi misma es como una semilla que voy sembrando en mi cerebro.
Ese pensamiento puede ser un refugio o una tormenta. Porque a veces olvido que soy lo que me digo en silencio. Si me nombro como una fracasada, el mundo se me encoge; cada movimiento me pesa, cada intento es un temblor, como si caminara sobre arenas movedizas, asustada, temerosa.
Pero si me reconozco como alguien en el camino del éxito, como una historia que respira en el triunfo, algo cambia dentro de mí. La luz se abre paso en todo mi camino, incluso en los rincones donde antes solo había sombra.
Siempre he sido una mujer de éxito. Ganadora de premios y reconocimientos en mis empeños. Porque en mi cerebro tengo tallado ese nombre “mujer de éxito”, y así lo creo, aunque a veces flaquee mi ánimo, pero siempre logro vencer lo que puede parecer una derrota, pero no lo es.
Es simplemente un engaño del diablito malo. Así que muy decentemente, le doy un empujón a ese diablito y lo aparto de mi vida. Soy éxito, nunca derrota.
Porque soy la forma en que me sostengo cuando nadie me mira. Soy la voz que elijo creer, soy el pequeño acto de fe en mi misma que repito cada mañana. Soy una mujer de éxito.
Y cuando por fin me trato con ternura y seguridad en lo que hago por mi vida, entonces esa vida, como una brisa paciente, empieza a hacer que todo sea posible.
Feliz día para todos.

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