DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 20 de julio 2026
Desperté temprano, con el amanecer gris y oscuro. Quizás era muy temprano, o tal vez es el remanente de la lluvia nocturna. La cuestión es que no tuve ganas de salir a caminar. Quizás las cobijas me abrazaron, con ese calorcito típico de ellas. Un calorcito que es como una caricia, que invita a quedarse una ratito más. Y aproveché para pensar un poco en el día de ayer.
Lo primero que quise recordar, fue cuando la hormiga escuchó un sonido distinto en el suelo por primera vez. Era apenas un temblor, una vibración mínima, como si la tierra respirara más alegremente. Pero era una vibración bonita, suave y melodiosa.
No sabía qué era, pero algo en esa vibración le recordó la alegría que tienen los niños cuando descubren un juego nuevo, y entonces mi hormiguita recordó que ayer, los niños celebraban su día.
Y era un sonido de risas y alegría, como si el mundo entero fuera un parque recién abierto. Así que la hormiguita decidió seguir el sonido. No por costumbre, sino por esa intuición luminosa que tienen los seres pequeños cuando algo les llama desde lo profundo.
Y mientras daba pasito tras pasito, sintió que cada paso era una fiesta diminuta, como esas risas que ayer llenaron las calles, y que iluminaron el día. Comprendió entonces que la vida siempre ofrece un rumor inesperado, una señal que invita a moverse, a celebrar, a renacer.
Porque incluso lo más pequeñito puede escuchar la felicidad cuando la tierra la anuncia.
Feliz día para todos y bendiciones para todos los niños del mundo, estén donde estén.

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