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DIARIO DE UNA HORMIGA
Hoy es 30 de julio 2026 y nos cuenta una de sus aventuras.
Hace algunos días, la hormiguita tuvo ganas de comer naiboa, y decidió irse patita a patita hasta la frutería a comprarla. Iba muy feliz por la calle, caminando muy despacio como hace siempre, y mirando bien el suelo, para no tropezarse con algún bichito molesto. Justo cuando llegaba a la avenida , sintió; dice ella; como un empujón, y cayó al suelo estrepitosamente. La rodilla de una de sus patitas, la derecha, se raspó y le dolía mucho, pero más le dolía el fuerte golpe que se había dado en el hombro de su patita izquierda. El dolor era demasiado intenso, y no lograba levantarse del suelo. Sufría pensando en una fractura, porque las fracturas en las hormigas no suelen sanar bien. Allí estaba sin poderse levantar, cuando llegó un motorizado que amablemente levantó a la hormiguita de la acera, mientras ella se sujetaba el hombro izquierdo pues le dolía demasiado, ella intentaba no llorar, haciéndose la fuerte, pero era muy doloroso. El motorizado le ofreció llevarla en su moto hasta la frutería para que comprara su naiboa. Fue difícil para la hormiguita subir a la moto, ya que el dolor de la rodilla derecha y del hombro izquierdo se lo dificultaban, pero entre otras hormigas que pasaban la ayudaron amablemente. Le aconsejaron que entrara en el CDI cercano. Se bajó con dificultad en la frutería, compró su naiboa y se fue caminandito hasta su jardín. Pero antes decidió entrar al CDI, allí la recibió un joven con bata blanca, recostado de una silla contra la pared, ella supuso que era el médico. Él le preguntó nombre y edad, luego, sin siquiera levantarse a tocar el hombro de la hormiguita le recetó unas pastillas, una crema y que fuera a otro sitio a hacerse un Rayos X. La hormiguita salió de allí temblando de dolor y de rabia, hay que decirlo, por la falta de atención. Llegó a su jardín y sintió que sudaba mucho y que estaba a punto de desmayarse por una baja de tensión. Así que se refugió en su cuevita, sola, pues no había más hormigas que pudieran ayudarla, y allí con los ojos cerrados trató de recuperarse. Más tarde y sintiendose mejor, se dio cuenta que logro superar el malestar con algo que ya ella sabía. Que confiando en Dios u apoyándose en él, siempre saldrá adelante, porque también las hormigas son hijas de Dios y en el mundo todavía existen hormigas dispuestas a ayudar a quien lo necesite. Gracias a Dios por eso. Luego, la hormiga hizo café y comió su naiboa. Feliz día.

Puede ser una imagen de árbol

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